El emblanco es una sopa sencilla, preparada con pescado blanco, patatas, laurel, limón y sal. Es una receta ligera pero nutritiva, tradicionalmente usada para tratar problemas digestivos. En la costa andaluza, especialmente en Málaga, se la conoce también como
matamaríos, un nombre cargado de ironía que refleja cómo la simplicidad de un plato asociado al cuidado y la salud puede interpretarse como insuficiente o débil. Esta dicotomía
se convierte en símbolo y motor creativo del proyecto.
La obra Emblanco (o matamaríos) nace del deseo de visibilizar lo aparentemente invisible: la realidad interior de muchas mujeres cuyas historias permanecen ocultas tras los actos rutinarios y domésticos.
La acción se desarrolla en el corazón de una cocina, donde cuatro intérpretes/bailarinas atraviesan un viaje de transformación personal, pasando del cuestionamiento de los roles establecidos hacia una reapropiación del cuerpo, el deseo y la libertad. El escenario se convierte en espacio simbólico de creación, resistencia y encuentro, donde el acto de cocinar se vuelve metáfora del cuidado y de la reconstrucción interior.
Piezas musicales originales, canciones tradicionales y audios de WhatsApp de una mujer andaluza (mi tía Ana Mari) estructuran la acción, hilando la historia desde la espontaneidad, la inocencia y la autenticidad, y aportando momentos de humor involuntario y ternura.
Emblanco (o matamaríos) es una obra muy visual, con una estética colorista en su inicio que evoluciona hacia un universo litúrgico y sacral, gracias al diseño de vestuario de la firma möh estudio.
Una pieza que celebra la danza, el amor, el humor, la espiritualidad, la comunión y la belleza.